la Fnac llega a Sevilla

  
   Siempre me quejo de que Sevilla es una ciudad provinciana y culturalmente pobre por mucho que quieran revitalizarla como ciudad D.C. (distrito cultural, a mí lo de distrito siempre me ha sonado a tiros así que vaya oxímoron que nos quieren endosar).
 
   Las librerías han ido cayendo (la de la esquina de la calle Granada, Blanco, Antonio Machado, la de la calle Sierpes, …) a medida que crecía una empresa que vende libros y un almacén se engalanaba de páginas a finales de abril. Tengo la gran suerte, créanme, de vivir muy cerquita, casi enfremte, de una pequeña libreraía que además está especializada en cine. Es Reguera. Les animo a visitarla a los residentes y/o visitantes de Sevilla. Está en c/ Almirante Apodaca pegaíta a una cervecería (¡como no!).
 
 

 
   La llegada de la Fnac se ve, incluida esta escribiente, como un símbolo de modernidad. ¡Por fin! exclamamos jubilosos, ¡ya estamos a la altura de Madrid o Barcelona! éso nos hace sentirnos pletórico.
 
   Yo entro mucho (en demasía según mi hermana) en La casa del libro. Pero se me pasó la fecha de inauguración de la Fnac (un inciso: se llama así, ¿no? a mí, con el pronombre fem me suena más chic) entre mi boira cartilaginosa hasta que recurrieron en mí con una gracieta de mi madre. Le dijo a mi hermana: "yo sé dónde va a etar la chica el 5 de mayo" y le pregunto a mi hermana con absoluta ignorancia "¿dónde?". En la Fnac!!!
 
   Hoy sábado he planeado mi mañana con un despertar tardío (ha sido a las 12, no está mal), un breve desayuno (zumo de melocotón) y ponerme lo primero que cogiera (vaqueros y camiseta magenta) para pasar revista a la Feria del Libro e ir por fin a la Fnac. Antes me he detenido en el Corte Inglés para dejar en la tintorería una chaqueta de invierno. Es una lata que ahora sólo te den 3 meses para recogerla. Al bajar pasando por la prensa he visto que ha salido el nuevo ¡Hola! pero la mítica (y ya muy manida) pose de Audrey Hepburn acaparó mi atención en forma de nuevo Cuaderno de Cine del Fotogramas. "¡Vaya!" Éste se me ha escapado" es lo primero que he pensado en una miscelanánea de tonos de sorpresa e incredulidad hacia mí misma. Dudando entre dejar allí los 5.50 euros o al kioskero de barrio que a lo mejor no lo tenía o se le había acabado, hice la única compra del día que lleva hojas impresas. 
 
   He pasado rápidamente por los cubiletes que hay en la calle y ni siquiera me he detenido en la colección Clásicos, de Fontana a un euro. Son los libros que compro con mucha frecuencia y los que me conoceis, sí esos que llevo en el bolso. Sé que libros hay en novedad en estos momentos porque de forma inconsciente estoy "al tanto" que si los de Almuzara, de Julia navarro, todavía de vende El Código Da Vinci, José María de Mena ha sacado La España que se nos fue, aún no ha salido el último de la keyes en bolsillo, uno de Stephen King con portada color frambuesa, uno que tiene una portada que a mí me resulta llamativa con una chica mirando a través de unos prismáticos, los últimos de Auster (con esa fecundidad me cuesta trabajo seguirle la pista) y un largo etc.
 
   Por eso no me gusta la Feria del Libro. Excepto por los descuentos, claro, pero a mí la que me gusta es la del Libro Antiguo y de Ocasión. Y no sólo porque soy una nostálgica cuasi enfermiza, que me gusta el olor de los libros antiguos, soñar con antiguos dueños/poseedores/leyentes a través de su caligrafía o vestigios (en De aquí a la eternidad encontré una factura de telefónica, ni que decir que permanece en la misma página), que me pirran las revistas y fotos de cine antiguo y que no tengo reparos en respirar en la misma habitación donde reposan esas páginas amarillentas, sino porque allí me parece encontrar realmente novedades, libros antiguos, primerizos, originales y únicos.
 
   Bajo la solana del mediodía caminando despacito por una feo suelo gris entré en la Fnac dudando di era la puerta de entrada o no, la que tenía frente a mí: pequeña y cerrada con doble hoja. 
 
 
   No me gusta el edificio ni la distribución. Y allí estábamos todos los sevillanitos aborregados curioseando y toqueteando. En la planta baja tienen los mp3 y cosas de tecnología. Eché un vistazo a los primeros inutilmente, ni entiendo ni podía renovar el que perdí.
 
  Sí me ha gustado la idea de cambiar VHS por DVD. A ver qué te dan, claro pero aunque detesto deshacerme de cosas, lo del trueque me parece una buena opción. Y exceptuando las pelis de MC que están duplicadas adrede, las repeticiones de algunas pelis ocupan bastante sitio en la estantería del salón.
 
  En la primera planta más tecnología como portátiles y televisores. Lo que me sorpendió y desagradó: aquello se parecía al hortero pero barato Media Markt también recién inaugurado.
 
  En la segunda planta están los dvd’s y los cd’s y la librería (la joya de la corona ¿?) en la tercera y última plnata. La primera impresión es que aquello no gana en volumen a otras grandes superficies. Todo pone "precio Fnac" y si tuviera tiempo y ganas lo comprobaría. Había demasiada gente y yo empezaba a estar cansada. Así que me he dedicado a pasar mecánicamente por las estanterías leyendo rápidamente los títulos.
 
  Igual he hecho con los libros, he de reconocer, si bien al llegar a la 3ª planta noté con alivio y satisfacción q la afluencia de gente disminuía y que había una generosa proporción de libros en inglés y francés. Pero eran muy comerciales. O tendré que achacar a mi estado de cansancio y desánimo el que no avistara los Penguin. Delante había 4 puf blancos y expéditos. Yo me preguntaba donde estaba el famoso rinconcillo de la lectura pasajera. La distribución se parece a la que han puesto recientemente ("¿equiparándose a la competencia?") en La Casa del Libro que a mí tanta tirria me da: muy bien para una biblioteca donde uno se mueve como tal y enredadora para el que va a comprar un libro y le gusta distinguir entre narrativa española, extranjera, actual y clásicos. Cierto es que yo me he llevado largos cuartos de hora comparando precios y tipo de introducción entre Cátedra Letras Hispánicas (los negritos pa entendernos) y Castalia por ejemplo. Y eso provocaba que me moviera y buscara entre estantes. Pero ahí reside su encanto.
 
   El interior de la Fnac me parece pelín claustrofóbico (siendo una impresión inapreciable en mí en la mayoría de espacios) y de apariencia anárquica y desordenada. De las pequeñas columnas que se interponen, el plano rectangular hiperiiregular y esa mastodóntica escalera mecánica en medio, extraigo mi impresión pero prefiero achacárselo a la molicie del día. 
 
   Eso sí, el rincón que prometía ser de solaz recogimiento, no existe.

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