la historia casposa

 
  No sé por qué me ha sorprendío ver en el televisivo tomate el personaje de Sissi. Es el primer reportaje que han puesto y en contra de su fórmula no lo han repetido incesantemente, sino sólo lo han repuesto al final con ese anuncio q sí me ha dado escalofríos: "hemos estado en Viena" con Schombrum al fondo.
 
  ¡Madre mía! Sissi hubiera sido, en manos de los paparazzis, la Lady Di de hoy. Menos mal que su muerte (con 99 años de diferencia) encaja en ese incomprensible puzzle de las turbulencias sociales que se vivían en las postrimerías del diecinueve. De tal manera que Diana murió en un vulgar accidente de tráfico y la emperatriz Elisabeth de Austria fue asesinada con un vulgar estilete en manos del anarquista Luccheni.
 
  Al margen de que alucine con ese empeño del programa en rescatar cosas que ya se saben, al menos las conozco no por vivirlas, claro, pero sí por oírlas en casa o leerlas en el Hola que siempre ruló por allí, me he planteado ese uso frívolo que se le da a la historia sobre todo cuando se habla de los "grandes personajes" cuyas virtus y glorias quedan reducidas a meras anécdotas chismosas con tintes de escándalo.
 
  Y es entonces cuando me replanteo la fórmula que uso en las clases para animar, motivar a los alumnos paran que dejen de tenerle tirria a la asignatura o simplemente llamar la atención. Así, he recurrido a chismorreos amorosos del tipo "¡la de amantes que tuvo Isabel II! (que por cierto, este mismo verano cuando hablaba de su marido y la anécdota del camisón de puntillas, no tuvo la gracia de siempre, no me había percatado que sólo estaba la pareja de alumnos gays que me dedicaron una impávida cara de "¿…y?")
 
  Por otro lado, mis estudios de Historia equivalen a una historia política y localista (con las ánforas romanas del tardoimperio en Alcolea del Río nos podíamos llevar perfectamente un mes) además de una retahíla de nombres… de historiadores! porque las mini asigntauras (de 3 créditos) de historiografía que nos ocupó el segundo ciclo consistía en memoriza artículos. 
 
  En cuanto a por qué me gusta la Historia, a estas alturas no he encontrado una respuesta. ni una mínimamente satisfactoria. No lo sé, salvo que se lo debo (espero que en parte) a mi madre y a mis profesoras.
 
  Concluiré, cómo no, con una  anécdota: llevaba 3 días dando clases por vez primera y solté un "La Guerra Fría no es una guera caliente". tres meses después en una encuesta que pasé, es lo que reseñó un alumno como detacable de mi labor. Hasta ahora, en mi corta experiencia, no he topado con ningún alumno entusiasta de la historia.
 

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