discutere humanum est

 
 Ayer tuve una discusión. Una fuerte y agria discusión. Antológica. Hacía tiempo que no la mantenía así. Sobre todo porque la parte que más ocupó es la dialéctica, donde me muevo muy bien. Una es rápida en reflejos, rápida hablando y en sus respuestas y puedo dejar sin argumentos en varias ocasiones al contrincante.
Aunque se diga que discutir no implica pelearse, las discusiones que yo mantengo son acaloradas en maneras, dichos y conclusiones. Es el carácter que he heredado de mi madre. Por eso considero que discutir implica pelearse con la otra persona. Lo contrario sería un debate y entonces podríamos debatir sobre política, calentamiento global o moda.
Pero en una discusión aparecen elementos tan personales como sentimientos, emociones, anhelos, frustraciones, querencias y malquerencias.
Pero la de ayer tuvo un final desazonador. Fue una conversación con dos partes bien diferenciadas: en la primera contando batallitas con risas incluidas y en la segunda vino la discusión que fue pelín heavy. ¿Cuál fue el paso de una a otra? Un comentario que se dijo. No tanto el contenido sino que se dijera adrede sabiendo que me iba a molestar. Después de llevar un buen tiempo discutiendo, donde se tocaron todos los palos, la otra persona reconoció que me había molestado ese comentario. Aún así, se siguió con la trifulca. Al buen rato, y esto es para mí, lo desconcertante (y triste), la otra persona negó todo lo que había dicho, insistiendo en que no había habido ningún comentario y que pasamos de hablar del viaje a la discusión. Me quedé muda de asombro. Sip, después de mi verborrea. Tardé unos segundos en reaccionar porque ante la mentira no salía de mi asombro. No tanto por el mentir sino por el tipo de mentira y lo que conlleva. No entiendo que se tenga esa frialdad enorme. Quiero decir, si dos personas mantienen una conversación en la que a la media hora una pesona se desdice de todo lo dicho uno acaba pensando que la otra persona es majarona o psicópata. Tanta frialdad me deja anonadada, lo reconozco.
Con lo que se dice en una discusión caben múltiples interpretaciones, desde luego, y otro componente es que uno quiera tener la razón. También el hecho, que es lo que me ocurre, de que las cosas no salgan bien, que se estropeen. No se trata de imponer mi voluntad pero sí hay cosas que eliminaría. Eliminaría que me mientan, que me digan cosas que me molesten y eliminaría sobre todo la falta de entendimiento.
Por encima de la desazón que me dejó la discusión hay un punto de tristeza y de tardío lamento porque no hubiera ocurrido, pero reflexionando sobre ello, llego a la conclusión de que estamos en direcciones opuestas, con una incompatibilidad de caracteres absolutas.
 

2 comentarios to “discutere humanum est”

  1. Cesar Says:

    Sin duda a la otra persona también le quedó desazón y un punto de tristeza y tardio lamento.

  2. Virginia Says:

    Tú eres la otra persona y una vez más dices lo mismo que yo con las mismas palabras. Esta vez queda escrito, ya no vale eso de negarlo.
     

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